Muy a nuestro pesar tenemos que reconocer que las últimas semanas no han sido de las mejores en cuanto a aquellos aspectos o manifestaciones de nosotros mismos que nos permiten escribir continuamente y, debemos reconocerlo, en ocasiones de manera un tanto desmesurada. A efectos de que se nos comprenda de mejor manera, deseamos señalar, tal cual se hizo en el último post, que el escribir (voluntariamente) satisface una necesidad en el ser humano y se constituye muchas veces en una válvula de escape (sea por las barreras que imponemos en nuestro trato con los demás, sea precisamente porque no nos las imponemos y nuestra propia sensibilidad nos exige un espectro más amplio de expresiones de nuestra individualidad -con toda la carga que esa palabra debe tener en nuestra opinión-).
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Empero estamos convencidos que el aspecto primordial que en estas semanas se ha ido, lenta y ostensiblemente, afectando no es tanto el deseo de escribir, si bien aceptamos de inmediato que el mismo es en estos momentos casi inexistente... y, sin embargo, escribimos! (o en italiano: eppur scriviamo) -repitiendo de un modo mucho más modesto aunque igual de confrontacional la hipotética respuesta de Galileo Galilei (la conocida frase es en castellano: "y, sin embargo, se mueve"; y en italiano: "eppur si muove") a la Inquisición sobre si la tierra se movía o no alrededor del sol-; en realidad lo que se ha venido afectando es la facilidad de detectar una idea lo suficientemente trascendente como para trasmitirla a ustedes los eventuales lectores.
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Nótese que no pretendemos que las breves y, en ocasiones, poco interesantes líneas que de tanto en tanto nos aventuramos a redactar sean para ustedes de "obligatoria lectura", eso significaría irrogarnos habilidades en cuanto a la creación literaria e identificación de tópicos que no creemos poseer. No obstante si creemos, o por lo menos así nos gustaría creer, que encontrar que alguien más piensa de modo semejante a nosotros resulta sino acaso grato cuanto menos puede resultar reconfortante, ello -podríamos asegurar- se torna patente en ciertas situaciones y momentos de nuestras vidas.
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Por ejemplo todos nosotros, seamos hombres o mujeres, tenemos en ciertas circunstancias o pasajes de nuestras vidas la tendencia a requerir de nuestros congéneres ciertos gestos que nos permitan concluir que somos importantes para el otro. En ese mismo sentido, y por dificultades en expresar lo que pensamos o lo que sentimos en un momento dado, muchas veces las cosas más importantes -o cuanto menos la mayor parte de la información que brindamos a nuestro interlocutor, nuestra contraparte, etc.- es de cariz no verbal o, si se quiere, se encuentra graficado o representado de un modo subyacente o implícito.
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¿Por qué decimos ello? La razón es más que sencilla. Todos los seres humanos somos en este punto no sólo inocentes sino que nuestra conducta es bastante paradójica e incluso diríamos, para no andarnos con rodeos, bastante "idiota". La calificación que empleamos puede haber causado perplejidad a los lectores por eso procedemos a explicar que entendemos por tal para que no se crea que estamos emitiendo un juicio valorativo negativo (aunque por lo demás, y en honor a la verdad, en ocasiones creemos que ello no sería del todo equívoco).
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Como se recordará la palabra idiota proviene del griego ἰδιώτης (idiōtēs), cuya raíz es la palabra idios que literalmente significa alguien centrado en sí mismo o, para ser incluso más fieles a la cosmovisión griega, alguien centrado en su mundo privado y no en el público (que es donde se ejercían las virtudes). Es precisamente este primer significado, con algunas acotaciones, el que queremos rescatar para los propósitos del post.
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En efecto, en ocasiones nos encontramos tan absortos y centrados en nosotros mismos (esto es, en nuestros propios pensamientos, sentimientos y deseos) que simple y llanamente esperamos que el (o los) otro(s) nos comprenda(n) casi como si leyese(n) nuestra mente. Digamos que hemos tenido un pésimo día y estamos desesperados porque el día se acabe o bien, lo que es más común, por encontrarnos con una persona de nuestro entorno más cercano. Obviamente si dicha persona tiene la mala suerte de encontrarse con nosotros ese día notará que estamos como a la espera de algo... y si por casualidad tal evento esperado no se diera en la realidad podríamos ofuscarnos facilmente por ello. Cambiemos el escenario, nosotros somos quienes detectamos este estado de "expectativa" en la otra persona, sin embargo por nuestra forma de ver el mundo o de interrelacionarnos con los demás sólo daremos, entre líneas, una serie de mensajes o ideas que son las que precisamente la otra persona desea oir o identificar de nosotros.
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Confesamos que nosotros no somos, o al menos no por lo general, el tipo de persona que necesita los gestos en mención pues nos gusta creer con Rilke que una persona es lo que ha sido a lo largo de toda una relación y no lo que ha sido a lo largo de la última conversación. Empero, incuestionablemente somos del tipo de persona que actúa o que le place actuar dejando siempre a los demás algún tipo de simbolismo oculto; precisamente por ese gusto se nos ha imputado que todo lo que hacemos tiene varias lecturas adicionales además de la literal... obviamente pensamos que tal apreciación ya resulta excesivamente optimista sobre nosotros mismos e incluso diríamos que, en cierto sentido, sería también una visión un tanto preocupante por razones que dejamos en el tapete.
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Antes de finalizar creemos conveniente llamar la atención sobre que tal manera de proceder, esto es procurar que el otro lea nuestra mente puede ser en ocasiones un tanto egoista -en la economía se han acuñado dos términos que nos parecen gráficos: self interest y self centered- (allí esta el aspecto del idios) de encontrar la felicidad pues se juega con el interés de los demás y en otras ocasiones es una manera más que segura de generar efectos inciertos (en la etapa de interacción inicial entre dos personas puede ser más que sugerente y grata; en una etapa en que una relación -sea del tipo que fuese- se ha asentado puede ser fuente de conflicto y desencuentros; etc.) que pueden afectar nuestro propio recorrido en la vida o al menos nuestro día a día.
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Se suele pensar que cuando uno divaga en cuestiones de este tipo es porque hay un elemento de conflicto al interior de una persona, y tal apreciación puede encontrar un fortísimo asidero en la realidad, en otros casos creemos que tal juicio es sólo una manera en que evadimos el análisis de la cuestión de fondo... esto es, si lo que se dice es o no cierto. Inclusive de aceptar que siempre las divagaciones de este tipo tienen como correlato el conflicto aludido deberíamos concluir que los investigadores o los interesados en estas manifestaciones humanas los tienen como condición indispensable en el instante en que se preparan para hablar o para escribir de ellos, lo cual es obviamente incorrecto. Con ello no diremos que nosotros no tenemos conflictos, pues ciertamente los tenemos, lo único que deseamos dejar expresado es que el debate siempre estuvo instalado, es sólo hoy, y gracias al presente espacio, que nos animamos a compartirlo con ustedes... pues debemos reconocer que no encontramos muchas oportunidades de cuestionarnos sobre este punto con algún interlocutor sin que sea cuando alguien cercano tiene problemas vinculados a estos asuntos, por lo que muchos de estos argumentos son expuestos pero de modo automático sea por uno u otro sin que se sopesen en realidad sus alcances.
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En el camino recorrido en el presente post hemos encontrado algo que decir, no sabemos bien si lo expresado en estas líneas se constituye en una colección de lugares comunes, pero al menos nos encantaría pensar que alguien encontrará que es precisamente lo que pensaba y por lo tanto hemos dado forma a su propio sentir.

