Todos nosotros hemos tenido que afrontar en algún momento de nuestras vidas la imperiosa necesidad de tener que escribir algo, desde los inocentes (y en ocasiones torpes, si bien sinceros) versos juveniles dirigidos (en nuestros tiempos resulta más común el empleo de la prosa a tales fines) a aquella persona que por vez primera suscitó en nosotros sentimientos hasta el momento desconocidos, pasando por los infaltables trabajos de colegio y/o universidad (ello si es que no eran redactadas por nuestros padres, en la primera etapa; o un miembro del grupo del cual nos aprovechábamos; o una persona que de buen grado deseaba hacerlo -si me estoy refiriendo a lo que ustedes están imaginando-), llegando a los esfuerzos intelectivos iniciados de buen grado sea por un afán académico sea por el irrefrenable deseo de exteriorizar alguna idea, creación o bien sentimiento que nos invade sin que sepamos con claridad a que se debe ello (nos referimos a un real conocimiento sobre su fuente y su control), sencillamente sabemos que tenemos que hacerlo.
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¿Por qué iniciamos el presente post de esta manera? La respuesta no es sencilla de exponer, si bien irónica y paradojicamente creemos que es muy sencilla de comprender. Hace poco más de una semana mientras efectuabamos aquellas labores propias de la profesión que ejercemos, vale decir al apilar tras de nosotros un sinfín de papeles, concluímos sin ninguna hesitación que sólo podríamos dedicarle un día a la semana al presente blog y signamos al día sábado para ello. El día de ayer no pudimos hacerlo tanto por falta de tiempo cuanto sobretodo de un tema claro al cual dedicarle algunas líneas, seríamos poco honestos si es que no dijésemos que también existía un componente emocional o para ser más precisos la ausencia del mismo. La solución debería ser sencilla para cualquiera: déjalo para mañana dado que si pretendes efectuar una actualización semanal de tu blog te bastaría con acometer dicho esfuerzo el día domingo... y precisamente eso fue lo que hicimos.
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Empero, llegó el día domingo y la ausencia de ideas en cuanto a un tema a tratar y la ausencia del deseo de escribir se mantuvieron persistentes, incluso luego de ver en la noche del sábado uno de aquellos programas nacionales condenados a no ser ubicados en un horario estelar de nuestra cada vez más patética televisión nacional (con un juicio de este calibre tal vez se nos juzgue como un intelectual que se regodea en su propio conocimiento y en su propia visión del mundo por lo que la visión chicha -como algunos sociólogos nacionales prefieren denominar- del Perú y de sus diversas manifestaciones; sin embargo creemos que es una apreciación más que objetiva, salvo mejor opinión) nos referimos al espacio "La función de la palabra" de Marco Aurelio Denegri, quien con justicia y severidad calificaba una serie de publicaciones recientes... lo cual, debemos admitir, siempre nos incentiva a efectuar lo propio desde una muchísimo más limitada perspectiva puesto que sólo nos permitiríamos elevar nuestra voz sobre un campo de estudio más bien desprestigiado en nuestro país (obviamente nos referimos a nuestra propia profesión). Ante una situación como la descrita, el temor frente a la página en blanco va en aumento pero nuevamente y de un modo paradójico las líneas se van ocupando con palabras con una facilidad sorprendente, acaso ello se debe a que nuestra mente al encontrarse inhibido -de una u otra manera- el deseo o, mejor aún, la necesidad de escribir se libera de una manera más sencilla y nos permite afrontar sin complejos todo aquello que se lleva dentro... tal vez ello sea así o, cuanto menos, así nos gustaría creer. Nos explicamos. Cuando eramos niños nos fue revelada una situación por demás peculiar en cuanto a nuestras propias habilidades... por lo general si se nos encomienda la tarea de dibujar algo a lo sumo se recibirá los típicos graficos de una persona o cosa constituida por una serie de líneas; en cambio, si esa misma labor se iniciaba cuando estabamos particularmente aburridos el resultado era del todo distinto (sin llegar a ser una obra digna de compartir). Podría ser que tal situación se repita en cuanto a la escritura, al llegar a este punto de nuestro post lo comenzamos a creer... tan es así que debemos cambiar el título del post so riesgo de no abordar el tema que allí se sugiere, el cual será igualmente compartido para el eventual (y curioso) lector: Ausencia de ideas o ausencia de deseo.
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Habiendo dicho tanto (y a la vez tan poco) creemos que el lector sabe a que nos referimos... no teníamos (ni tenemos) deseos de escribir (si bien estamos profundamente interesados en saber a donde nos llevará el presente post) y sin embargo lo hacemos sin razón aparente (salvando las enormes diferencias en cuanto a áreas e importancia de los individuos, la sensación que se desea exponer -y que es por lo demás la que nos invade- es semejante a la que Alejandro Magno solía apelar cuando en ciertas ocasiones su daimon lo invadía y no sabía con claridad porque actuaba de esa manera pese a que estaba consciente que ello lo llevaría irremediablemente a alcanzar su destino -tanto en el aspecto positivo cuanto negativo que dicha palabra puede ostentar-) y sin un objetivo definido, en una sola interrogante: ¿cuál es su fuente? No estamos seguros ni -evocando el ejemplo sobre Alejandro Magno antes referido- estamos seguros de querer saberlo.
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Al dar vueltas a una pregunta de ese cálibre y que, con justicia, no sabemos cuanto interés pueda suscitarles, la senda iniciada para el presente post vuelve a su cauce regular con la misma facilidad con la que se desvio. El escribir es, como se lo señalaba a una amiga que poseía esa virtud (nótese que decimos tenía porque con el tiempo nos alejamos de esa amiga por múltiples razones que no es el caso relatar, por lo que no sabemos si a la fecha aún posee tal envidiable virtud), siempre una necesidad. La palabra no es empleada por casualidad ni mucho menos es una crítica (imposible por lo demás que así fuese) a aquellas personas que no sienten tal necesidad o porque no podrían sentirla puesto que no se les ha instruido y permanecen como iletrados o analfabetos. Entonces, es menester aclarar nuestro punto. Escribir siempre es una necesidad para quien lo hace, cuando uno es de una gran sensibilidad necesita hacerlo porque de lo contrario dejaría contenido dentro de sí una multiplicidad de ideas o sentimientos que lo agobian; también es una necesidad si uno es una persona más bien cerrada puesto que se constituye como una válvula de escape a aquellos muros que construimos en nuestra vinculación con otros individuos.
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En el sentido aludido es que escribir es una necesidad. La justificación, como es obvio, resulta diversa en ambos casos y aún dentro de cada "explicación" el leit motiv resulta tan diverso como personas existen en este mundo. Nuestra idea no importa que siempre se escribirá, sólo decimos que cuando se hace es precisamente porque se siente la necesidad de hacerlo (por lo menos cuando ello se efectúe para exponer algo y se realice de manera voluntaria) puesto que es claro que las personas individualmente consideradas podrán encontrar satisfacción a su necesidad de exteriorizar su psyche ejercitando multiplicidad de actividades... pero nuestro interés en este momento se centra en el escribir.
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Con seguridad nosotros nos ubicamos en el segundo tipo de persona que siente una necesidad de escribir, ello es algo de lo cual siempre estuvimos conscientes; empero, la sorpresa del presente post -al menos para nosotros- reside en reconocer que en ocasiones la página en blanco, el temor del escritor (en especial en períodos de bloqueo), resulta algo que uno no enfrenta sino que, en un recto sentido, despierta en nosotros un espíritu desconocido quien es para nosotros en realidad el verdadero autor de las ideas que se expresan aunque para ello tome prestados tanto las experiencias, sentimientos y, porque no, el cuerpo de una persona... ello nos agrada sobremanera puesto que implica algo en lo que nos gusta creer: las ideas se abren camino. Si una entidad inmaterial como las ideas pueden abrirse paso en el mundo físico con cuanta mayor razón lo harán otras entidades que si ostentan materialidad o inclusive otras entidades inmateriales un tanto más trascendentes... no nos gustaría calificar tales situaciones como kharma, dharma, destino, equilibrio, etc., pues nos llevaría a una nueva discusión... sólo queremos decir que las cosas son y se dan aunque luchemos contra tales verdades. En tal sentido, hemos obtenido respuesta a una interrogante, somos una persona que tiene la necesidad de escribir aunque no lo quiera... veremos a que nos lleva ello...


7 comentarios:
Bueno, my dear kalaf, te hago la pregunta: ¿contra qué estás luchando?, contra tus emociones acaso?
Al perecer tienes mucho por decir y no quieres hacerlo...¿qué te detiene?
finalmente, "las cosas son y se dan", aunque luchemos contra ellas. siendo así, no es mejor enfrentar esas verdades?
by the way, las emociones son necesarias verdad?...y me atrevo a decir que pienso que más de lo tú creías antes de escribir este post o quizá, antes de vivir lo que sea que estés viviendo...pero más que necesarias, a veces se tornan inmanejables x momentos, overwhelming diría yo (sorry!, a veces no puedo evitar mi spanglish pues hay palabras que no tienen traducción al castellano y creo q es mejor expresarlas en su idioma).
me pregunto por qué no escribes sobre eso?...tal vez porque son emociones aún no racionalizadas?, tal vez por temor a enfrentarlas?
En realidad no creo estar luchando contra nada.
Es correcto cuando digo que las cosas son y se dan implica que hay que asumir el devenir de las cosas de esa manera, aunque no implica por supuesto un conformismo, siempre y cuando ello no se convierta en necedad frente a aquello que no resulta manejable para nosotros.
Sobre tus preguntas, no creo estar luchando contra nada en este momento estoy en una posición semejante a la que señalo en mi post al constatar que el mismo se escribio practicamente solo, estoy a la espera de saber a donde me llevan las cosas... lo cual no es pasividad sino en realidad hay que ver en donde estamos para luego ver hacia donde tenemos que ir.
personalmente, me encantaría verte escribir sobre tus pasiones y emociones...me gustaría conocer tu lado menos racional y más esclavo, ese lado vulnerable que sé que tienes y que tratas de controlar al máximo pero que en ocasiones, como hoy, no puedes...
Las cosas son y se dan... ya veremos si es que tienes razón sobre lo que dices y si en algun momento se expresa lo que dices.
Por suerte hasta el momento no tengo miedo a enfrentar sentimientos antes tenía miedo a ciertas situaciones pero a las mismas ya les he perdido tal miedo... ciertamente ello no implica absoluto control sobre eso pero lo torna mas manejable, lo del como se dio el presente post es interesante la unica idea que se me vino a la mente fue el ejemplo del daimon al cual aludia Alejandro Magno... aunque ello resulte bastante pretencioso casi en igual medida de lo distinto del area en el que se presenta.
El escribir sobre ese tipo de sentimientos ciertamente sera complicado por varios factores... podría ser, pero no lo veo en el corto plazo
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