De un tiempo a esta parte hemos tenido la oportunidad de oír, con una regularidad casi religiosa, dos arias (o, en italiano, arie) muy conocidas. La primera de ellas pertenece a la opera Turandot de Giacomo Puccini, nos referimos -como ya debe ser obvio- a Nessun dorma (Nadie duerma) y pese a que su título evoque pocos recuerdos a la mayoría de nosotros, salvo a los ocasionales seguidores de reality shows en los que se busca nuevos talentos musicales -¿recuerdan a Paul Potts?-, el solo oír la primera parte de su ejecución causa inmediatamente (al menos lo tiene en quien escribe estas líneas) un profundo impacto emocional; la segunda aria pertenece a la opera Rigoletto de Giuseppe Verdi y su título es más que conocido La donna è mobile (La mujer es voluble).
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Ambas arie (o, en castellano, aires) nos traen a la mente, sin ningún esfuerzo, el nombre de un tenor inmortal: Luciano Pavarotti. El sentido de nuestra afirmación es sencillo de comprender si recordamos que tales piezas fueron -por largos años- parte del repertorio regular del ilustre hijo de la ciudad de Modena. Inclusive nuestro recuento, tanto porque formó parte del repertorio de Pavarotti cuanto sobretodo porque es una canción a la que volvemos de cuando en cuando, se encontraría incompleto si es que no hacemos mención expresa al lied de Franz Schubert Ave Maria.
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Por el momento, con cargo a desarrollarlo en otra oportunidad, quisiéramos exponerles las sensaciones contrapuestas que nos generan ambas arias. Por un lado Nessun dorma nos genera una tristeza y melancolía que nos cuesta trabajo explicar pues si uno tiene la oportunidad de entender la letra del aria (sea porque entiende el idioma o bien porque se ha dado el trabajo de encontrar su traducción) cae en la cuenta que oír su interpretación debería transmitirnos sentimientos de otro tipo y sustancialmente más positivos, tales como la esperanza. Por su parte La donna è mobile nos transmite (o diría mejor nos transmitía), con su ritmo más bien alegre, un sentimiento de festividad; empero, cuando uno cae en la cuenta de la letra de la canción se sorprende -en no escasa medida- con el hecho que se presenta de cierta manera como una exhortación a desconfiar en la mujer casi en la misma medida en que condena a los hombres a no ser plenamente felices si es que no es al lado de ellas.
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La duda que se podría suscitar con total justicia sería porque nos encontramos cuestionando los sentimientos que producen dos operas frente al mensaje que tienen sus respectivas letras. Tal vez ello no sea de sustancial importancia o tal vez estamos equivocados, sea en la interpretación de las arias, sea en restarle méritos a la relevancia de la discusión, cualquiera de las opciones nos parecen igualmente factibles por lo que dejamos el análisis de la cuestión al lector. Lo único en lo que nos queremos detener antes de acabar el presente post se centra en cuantas veces a lo largo de nuestras vidas oímos o leemos ciertas afirmaciones y no nos detenemos siquiera a estudiarlas más al detalle, en ocasiones (acaso sea la mayoría de ellas) sucede respecto de afirmaciones cuya trascendencia no merece dicho esfuerzo pero cada día más nos cuestionamos si por dicha practica extendida, aprendida e imperturbable no estamos dejando de lado el análisis de materias que ya nos comienzan a exigir mayor atención (sea en el aspecto personal, profesional o académico).
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Quien sabe, podría ser que ustedes se topen con una sorpresa similar a la nuestra cada vez que nos detenemos a oír al detalle las letras de ambas arias. En lo que a nosotros respecta, por lo menos en las últimas semanas, los sentimientos propios del día a día en el aspecto personal giran entre una tristeza y melancolía semejante a la que nos produce oír Nessun Dorma (y hasta el momento no sabemos muy bien la razón de ello) y la aceptación de las ideas que nos quiere transmitir La donna è mobile.
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Tal vez estamos exagerando en la amplitud del análisis de los significados de ambas operas o tal vez hemos encontrado algo interesante que estudiar. Después de esta breve exposición sólo nos queda preguntar ¿qué opinan ustedes?


4 comentarios:
Bueno citando a Aurore Dupin (su pseudónimo era George Sand) "el pensamiento es el córcel, la razón el jinete".
Faltaría ahora la motivación para escribir y porque no graficarlo con una idea de Oscar Wilde "A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.", el escribir puede ser precisamente ello una forma de concentrar nuestra vida en un instante, pese a que los temas abordados no sean los que motiven la escritura.
Vale decir, cada uno escribe por una necesidad distinta pero siempre desemboca en lo mismo: el manejo del propio instinto y del propio pensamiento. El escribir, por tanto, es sólo un medio para exteriorizar algo adicional a las meras palabras y si así no fuese pues no existirían los escritores... no lo crees así?
Instinto y pensamiento...yo diría mas bien pasión y pensamiento. Es una asociación deliciosa, casi tanto como Lord Henry; es una forma de vida, es una esencia, una motivación en sí misma...
Sabes, alguna vez mi "maravilloso psicólogo" me pidió que me describiera en una palabra. yo soy una mujer de muchas palabras; fue una tarea casi imposible y ahora sé la respuesta. Soy una mujer apasionada. Me encanta el término porque simboliza la unión entre mi parte emocional y mi parte racional. Es la conjunción perfecta. Es deliciosamente perfecta...(no es una expresión de vanidad o egocentrismo, lo juro, pero sí debo admitir que mi autoestima es elevada...).
¿Qué te motiva a escribir? pero aún más importante, ¿qúe te motiva a vivir de la forma en que lo haces?...¿Una palabra?, podrías definirte en una palabra, un instante, una palabra...
Que me motiva a escribir tan solo exteriorizar explicitamente todas las ideas que tengo sobre algunos temas que me suscitan algun interes... e implicitamente transmitir otras ideas... el vivir como vivo se deriva del como pienso y por ende es inescindible de ello.
Una palabra... complicado... pero podría ser: "consciente" (que excede la sola idea de razón)... el porque de ello... lo dejaremos para un futuro debate o tal vez la reu que nos queda pendiente... jaja.
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